viernes, 5 de agosto de 2011

   -¿Por qué será -habló Laura- que los ojos de cierto hombre, sus labios, su voz, provocan un efecto perturbador en una mujer cuando los ve, los siente, la escucha? Me refiero a esa chispa que enciende un fuego que te abraza las entrañas y que sólo se consume en la pasión compartida con ese hombre. ¿Y por qué un hombre, igualmente galante y hermoso, quizás más valioso como persona, no provoca nada de estos sentimientos, y sus encantos pasan sin pena ni gloria? No hay chispa, menos aún fuego y nada de pasión.
  -Creo que es la pregunta a la que han tratado de dar respuesta todos los poetas desde que el hombre aprendió a escribir.
  -Si tú no lo sabes- meditó Laura-, entonces nadie lo sabe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario