lunes, 26 de septiembre de 2011
Fui con toda la buena onda a un hogar de adictos. Los escuche con toda mi atención, me esforcé por hacer preguntas, respete cada uno de los espacios, tome un té que no quería para no quedar mal con ellos, aprendí mil cosas y me di cuenta de que mi profesora no la flasheaba tanto. Pero ¿qué me arruinó el día? Un pelotudo que me hizo quedar como una puta de mierda porque se me veía a penas la calza de abajo del pantalón. O sea, fue a decirle a mis profesores que me digan que me suba el pantalón (ni me había dado cuenta de que se me veía la puta calza negra). Se puede ir bien a la mierda el muy pajero.
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